Lo
canario en Francisco de Miranda
Manuel Hernández González
Profesor Titular de Historia
de América
Universidad de La Laguna
Islas Canarias

INTRODUCCIÓN
Cuando Francisco de
Miranda se carteaba con su familia habla de
Islas, donde residían dos de sus hermanos y
donde nacieron varios de sus sobrinos, esas
Islas a las que se refería eran las
Canarias, porque, para los venezolanos, como
acontecía con los cubanos, los
puertorriqueños o los dominicanos, las
únicas Islas y los isleños por antonomasia
en un mar de Islas como era el Caribe eran
las del Archipiélago Canario. La ligazón del
Precursor de la Emancipación americana con
Canarias nace de sus propios ancestros tanto
por la vía paterna como por la materna, se
desarrolla en el profundo tejido de
relaciones de parentesco y de etnia que se
desenvuelven en su Caracas natal durante los
años que vivió en ella, permanecen vivas en
la correspondencia con su familia y se
siguen reforzando en las relaciones que
entabla en su nueva etapa americana en la
Guerra de las Trece Colonias en las que
vuelven a establecerse en los lazos que
unían a los miembros de su linaje con
personajes de su infancia y juventud como
Carlos Pozo y Sucre, casado y con hijos en
Santa Cruz de Tenerife, y José, primos
hermanos de Antonio José de Sucre y
entenados del alcalde palmero de Caracas
José Fierro de Santa Cruz, y con su hermano
que hace de testigo suyo en Cuba, donde
trabajaba como ingeniero o se integra en la
Sociedad en pro de la Independencia que
constituye en París. Vínculos que vuelven a
reforzarse con todas sus contradicciones en
sus empresas emancipadoras en 1806 en la
invasión de Coro, cuando recibe la oposición
de su propia parentela, que recauda fondos
pidiendo su cabeza, o cuando en la Venezuela
republicana en la que ejerce como Presidente
ve estallar todas las tensiones sociales que
hacen fracasar la Primera República, en las
que verá el protagonismo de los canarios,
inclusive de algunos de los que estaba
vinculado por la sangre y que le conducirán
precisamente a cargo de un lagunero, Domingo
Monteverde y Rivas hacia la prisión gaditana
de La Carraca en la que acabará sus días. A
lo largo de estas páginas trataremos de
analizar esos vínculos y relaciones que sin
duda constituyeron parte de su formación y
de su cosmos vital.
UNA FAMILIA DE INMIGRANTES
Para entender el peso de lo
canario en la formación de Francisco de
Miranda debemos de plantear en primer lugar
que procedía de una familia en la que un
número considerable de sus miembros estuvo
marcado por la emigración desde las Islas.
No sólo fue el hecho de que su padre fuera
natural de ese Archipiélago, sino que en sus
relaciones familiares y de grupo el peso de
ese linaje y la telaraña de vínculos de
parentesco y de procedencia social y étnica
que se tejieron en torno a ella contribuyen
a explicar muchas de sus inquietudes y el
trasfondo social que marcó y condicionó su
trayectoria vital y la actitud hacia él de
las clases rectoras de la sociedad
caraqueña. Nació en el seno de un sector de
la comunidad isleña de procedencia marítima
y que veía en el tráfico mercantil su
posibilidad de ascender en la esfera social
a través de alianzas y negocios entre sus
miembros. Su procedencia y su afán por
sobresalir le generó considerables tensiones
con la elite tradicional, que desconfiaba de
ese grupo y que no quería admitirlo en su
seno y mucho menos que quisiera situarse por
encima de ella en la escala jerárquica del
poder civil y militar de la colonia. Las
estrechas conexiones comerciales y étnicas
entre Venezuela y Canarias durante el siglo
XVIII son ampliamente conocidas.
La migración fue de tal
calibre que llegó a ser como mínimo entre
1710-1729 el 75´8% de los contrayentes
blancos inmigrantes, cifras que mantendrán
todavía en un 72´4 entre 1739-1749, y que
sólo se reducirán a un 50´2% entre los años
1750-1769, cuando las posibilidades de
acceso a la tierra disminuyan y se vean
obligados a adentrarse hacia el interior. Un
porcentaje que mantendrán hasta la
emancipación[1].
Es mayor si unimos los casados en el
archipiélago y su abrumadora mayoría,
cercana al 100%, en las parroquias rurales
de Baruta, La Vega o San Diego.H.
Poundex y F. Meyer dirían sobre ello en 1814
que "entre los blancos, los canarios se
distinguen por su carácter industrioso y se
dedican a la agricultura, el comercio al
detal y ala cría de ganado. Su número es
mucho mayor que el de los españoles"[2]
.
Bervegal, factor de la
Compañía Guipuzcoana, analizó certeramente
el comportamiento étnico y familiar: "Se
conoce en la provincia por el nombre de
isleño no sólo a los nacidos en las Canarias
y trasladados a Caracas, sino también a los
hijos, nietos y posteriores generaciones que
llegaron muchos años antes. Entre los unos
como entre los otros tantos agricultores
como vagabundos y transeúntes, de los cuales
sólo unos pocos son comerciantes, que van en
los buques con aceite y aguardiente y
regresan con cacao. Me es imposible decir su
número, aun de manera aproximada. Entiendo
que existen allí unas mil familias, pero
puedo estar grandemente equivocado en este
cálculo. De éstas, muy pocas tienen relación
o parentesco con los del país, porque
acostumbran casarse entre sí mismos"[3].Los
Miranda fueron una familia, como tendremos
ocasión de ver, que se podría definir en la
categoría que Bervegal calificaba como
vagabundos, aquellos isleños que no se
dedican al cultivo de la tierra, y que
buscan en los centros comerciales su medio
de vida, no como comerciantes, sino más
modestamente como almaceneros, pulperos y
contrabandistas. De ellos diría que su
número nunca puede ser determinado, pero que
"crece y decrece en proporción al provecho
que se encuentra en el comercio ilícito".
Mal vistos por la generalidad "a causa de
los escándalos, muertes y daños que ocasiona
tal casta de hombres perdidos, defraudan
grandes sumas al real tesoro y por lo común
son perniciosos como sujetos rebeldes e
insubordinados"[4].
Algunas claves y valoraciones de la
personalidad de los isleños en Venezuela, y
de la familia de Miranda en particular,
podrían explicarse en el papel desempañado
por este grupo social en el devenir
histórico del país.
El llamado comercio al por
menor tuvo una importancia fundamental
dentro de la estructura socio-económica de
Caracas. Ello era debido al carácter
reducido del mercado, en lenta expansión, lo
que explica que, cuando la acumulación de
capital es posible, como acontece con los
grandes comerciantes, el dinero es dirigido
hacia el comercio exterior o hacia la
inversión agrícola. En 1797 había en Caracas
62 tiendas de mercería, 91 pulperías y 83
bodegas, la mayoría detentadas por isleños[5].
Depons diría al respecto que "todo el
menudeo de las mercancías secas se halla en
manos de isleños de Canarias”[6].
Gabriel Miranda, abuelo del precursor de la
Independencia, era un modesto marino
dedicado al comercio interinsular, sin
ninguna instrucción, pues no sabía ni tan
siquiera firmar. Su delicada posición
económica le obligó a lo largo de su vida a
realizar numerosos viajes en el comercio
interinsular, sin llegar a alcanzar una
estabilidad económica. Había nacido el 6 de
noviembre de 1686 en el Puerto de la Cruz,
importante centro portuario tinerfeño
especializado en el comercio vinícola con
Inglaterra y los Estados Unidos. El 4 de
enero de 1736 se vio obligado a vender al
calafate Felipe Martín " la mitad de un
barco de vela de gavia, que tango mío
propio" por 2500 reales"[7]. En ese
mismo año vende a Pascual de Vera, su
cuñado, su legítima paterna, consistente en
2 casas terreras en el barrio popular de la
Ranilla por la suma de 700 reales[8]
Casado con Gabriela Ravelo,
había tenido una numerosa descendencia, 10
hijos. De ellos, 6 eran hembras y 4 varones.
El primogénito, Nicolás, fue el primero en
que emigrar a Venezuela con anterioridad a
1760. Marchó sólo dejando desamparada a su
mujer Agustina Fernández, y a sus dos hijas.
A la muerte de la madre, los hijos, faltos
de recursos, vendieron inmediatamente la
casa terrera con alto que perteneció a sus
padres. El alcalde del Puerto dictamina su
absoluta pobreza, puesto que "sus maridos
desde su ausencia no les socorren con los
alimentos precisos para nuestra manutención
y la de cuatro hijos que tenemos cada una,
estando con suma pobreza". La venta de esa
casa proporciona a la familia 5104 reales,
de los cuales debía descontarse 400 para el
funeral de su madre y para las deudas que
todavía estaban pendientes contraídas por
Gabriel de Miranda[9].
Nicolás de Miranda falleció
en la Guaira el 2 de octubre de 1767,
dejando a su mujer y a sus hijas Agustina y
Maria de Jesús como herederas. Por su
testamento ante el escribano José Rafael
Lemos, dejó la mitad de su caudal por
gananciales a su mujer y la otra mitad a sus
hijas. Significativamente son albaceas de
Nicolás, dos personajes que tendrán gran
influencia familiar y profesional de los
Miranda en Venezuela, el isleño Bartolomé
López Méndez y el vasco Francisco Antonio de
Arrieta.
Valentín, el cuarto de los
hijos y último de los varones, marchó por
primera vez a Venezuela en 1760[10].
Disconforme con su casamiento, se olvidó de
su mujer. Allí residió muchos años hasta
que por una requisitoria lo prendieron “y
como tal vino a esta isla, por cuyas causas
ha mirado la citada Isabel a los parientes
de su marido con repugnancia"[11].
Luisa, una de las hijas, por
su parte casó en el Puerto con Matías
Barrada Páez en 1743, siendo testigo el
padre del precursor. El segundo de sus
vástagos, Matías Barrada, emigró a
Venezuela en 1791 y se estableció en
Carúpano (Estado Sucre). Al parecer sus
negocios en ese lugar le fueron prósperos y
pudo alcanzar una respetable fortuna. Murió
en Venezuela en la Guerra de la
Independencia" degollado por los insurgentes
"[12].
Sin embargo, su mujer no recibió las remesas
necesarias para su subsistencia, por lo que
se vio obligada a recurrir al alcalde el 28
de abril de 1809 para vender una parte de la
herencia de su padre[13].
Su hijo Isidro marchó también a ese país "a
buscar fortuna entre los años de 1805 a 1808
y a ver a su padre[14],
participando activamente después en la
Guerra de Independencia en el bando
realista. Aunque posiblemente Isidro emigró
a Venezuela unos años antes, este pariente
de Francisco de Miranda llegó a convertirse
en uno de los prototipos de los militares
realistas en América, siendo el jefe de la
expedición con que el gobierno español
pretendió en 1829 reconquistar México. Fue
un fehaciente testimonio de un importante
sector de los inmigrantes isleños que
apoyaron en Venezuela la causa españolista,
pues, según sus propias palabras, "más de
diez mil han muerto en Venezuela, donde en
gran número estaban establecidos, y los que
han escapado han vuelto al país"[15]
.
Otra de las hijas de Gabriel
Miranda fue María Manuela, que contrajo
matrimonio el 13 de agosto de 1747 en el
Puerto de la Cruz el 13 de agosto de 1747
con José Lorenzo Beza o Baeza. Dedicado
también al comercio interinsular, se embarcó
también para Caracas en 1761[16].
El 15 de diciembre de 1762 Maria Manuela
pide al alcalde mayor de La Orotava la
autorización de la venta de medio barco para
hacer frente a su subsistencia puesto que su
esposo, "ausente en Venezuela, con el motivo
de las presentes guerras no le ha enviado
los suplementos correspondientes para su
manutención y la de dos hijos"[17].
En Venezuela José Baeza debió de tener
serios apuros económicos, puesto que el 20
de abril de 1767 el comerciante maltés
residente en Santa Cruz de Tenerife José
Carbona da poder a los comerciantes isleños
establecidos en Caracas Francisco y Lorenzo
López de Vergara que cobren 1202 reales y
medio que le adeudaba[18]
. Angustiosa fue la vida de Maria Manuela y
de sus hijos en el Puerto dela Cruz. El 11
de julio de 1774 firma un documentó por el
que se obliga a pagar a Maria Gutiérrez de
Vera 18 pesos y 6 reales de plata que la
susodicha le había prestado en diferentes
ocasiones para su manutención y decencia.
Confiesa que en numerosas ocasiones su
marido no le socorrió, pero que ahora está
presta a pasar a la Provincia de Caracas a
dar con su marido", por lo que él se
convierte en deudor de la antedicha", "como
obligado a su manutención y de sus hijos.
Más tarde expone que le debe 6 pesos más.
Dos días después refrenda una deuda de 180
pesos que tenía recibidos de Francisca López
de Vergara, que les habían ayudado a
sobrevivir," pues, aunque la ha mandado
socorros por lo calamitoso de los tiempos no
le alcanzaba a los diarios alimentos y su
marido es responsable"[19].
Aunque no disponemos de testimonio, por esas
afirmaciones pensamos que debió emigrar a
Venezuela.
Vicenta contrajo matrimonio
con Joaquín Fonte el 21 de junio de 1750.
Era el capitán del barco "Santiago", que
había fabricado su suegro. Ambos cónyuges
emigraron tempranamente a Venezuela, entre
los años 1755 y 1759, pues Maria Concepción
Ravelo dice en su primer testamento que ya
residían en Caracas. Fonte, originario de la
isla del Hierro, declaró en Caracas sobre la
situación de su hermano Sebastián el 28 de
noviembre de 1792. Vicenta fue la hermana a
quien éste último empeño sus cubiertos de
plata.
SEBASTIÁN DE MIRANDA Y FRANCISCA RODRÍGUEZ
DE ESPINOSA
El padre del Precursor nació
en el Puerto de la Cruz el 12 de septiembre
de 1721. Con apenas 22 ó 23 años,
posiblemente en 1744 ó 1745 marchó a
Venezuela. Se integró en una comunidad
isleña en su mayoría analfabeta que en
Caracas y La Guaira vivía de actividades que
eran consideradas despreciables por la
elite. Picón Salas afirmaba al respecto que
"la tosquedad de modales, su ignorancia y
falta de cortesía era lo que los patricios
criollos satirizaban, por sobre otra cosa,
de los inmigrantes canarios"[20].
Un contemporáneo, el Regente Heredia, diría
de ellos que "son comúnmente reputados en
Venezuela el sinónimo de la ignorancia,
barbarie y rusticidad"[21]
.
Ese carácter diferenciado,
desde los puntos de vista étnico y social,
explica la endogamia de etnia y de grupo que
le es característica. Una política de ayuda
mutua y de solidaridad en los negocios en
aquellos que se consideran unidos por una
misma comunidad de intereses y un mismo
origen explica ese expresivo cariz de
enemistad de clase y de etnia, que se podría
apreciar tan claramente en la trayectoria de
Sebastián de Miranda. En la política de
enlaces matrimoniales se puede observar esa
estrategia Las nupcias, el padrinazgo, el
compadrazgo potencian esa solidaridad de
grupo y permiten el ascenso social del
grupo. Su identidad se expresa en el culto a
la Virgen de Candelaria. Sebastián participó
"en la parroquial de Nuestra Señora de la
Candelaria" en la fiesta del 2 de febrero,
la principal festividad de esta sagrada
Señora", en la que "todos los nacionales de
las Islas Canarias le tributan cultos y en
reconocimiento de ser su patrona y
protectora le festejan con una marcha que
forma una compañía completa con elección de
sus oficiales que hace una junta con
licencia de los señores gobernadores”. Como
un isleño que quiere destacar y que tiene
posibilidades económicas para ello,
Sebastián de Miranda ocupará los cargos de
capitán y de teniente de esa marcha en 1752
y 1751 respectivamente[22].
Otro rasgo religioso derivado de sus
ancestros es su devoción a la Virgen del
Rosario. En su alegato de limpieza de sangre
hablará de la pertenencia de su padre a su
Hermandad, de la que fue hermano mayor. Sus
herederos conservaron un cuadro de la Virgen
del Rosario que según la tradición
pertenecería a su mujer, Francisca Antonia
Rodríguez de Espinosa[23].
Los negocios como mercader le
fueron bien y pudo alcanzar una posición
desahogada. Su ascenso dentro de las
milicias isleñas, otra expresión más de la
identidad canaria en Venezuela lo
ejemplifica.. Entre 1764 y 1769 fue su
capitán invirtiendo sumas en el uniforme de
sus soldados más pobres[24].
En 1769 se reorganizan las milicias
caraqueñas no por criterios de procedencia,
sino de color de la piel. Al ser propuesto
como capitán de una compañía de blancos
voluntarios estalla el conflicto. El cabildo
de Caracas, representante de la oligarquía
criolla, acusa el Capitán General, el 17 de
abril de ese año, de arrebatarle la facultad
de nombrar los oficiales del nuevo batallón
y de postergar en los cargos a patricios
nobles al nombrar "sujetos de tan baja
esfera que causa vergüenza el nombrarlos, y
entre otros a don Sebastián de Miranda"[25].
En su sesión de 22 de mayo de 1769 enjuicia
críticamente la nueva actitud del gobernador
frente "a la nobleza del país" al dar grados
y empleos a personas de baja esfera como el
tinerfeño Miranda, que "aún tiene en su casa
tienda en que barea y fábrica de pan, que su
mujer hace y vende por menor"[26].
En la sociedad del Antiguo
Régimen existe una identificación que
obedece a prejuicios socio-raciales hacia el
molinero. Adujo en su defensa que el
ejercicio de un "oficio vil" como era el de
amasar pan tiene en América diferentes
motivaciones: "en estos países no son tales
panaderías, porque aquí las señoras y otras
familias hacen trabajar a los criados en
estos y otros ejercicios como sus esclavos
para ayuda de los gastos de la casa y
familia (...) y otros ejercicios caseros
para que no estén ociosos dichos esclavos, y
no por eso no tales panaderos, por ser este
país muy distinto de los de Europa"[27].
Se le achaca por un lado su
origen humilde, y por otro su oficio con
venta abierta. No era un comerciante, sino
un mercader que despachaba personalmente:
“venido a esta ciudad Sebastián, y no
pudiendo su condición proporcionarle luego
decente profesión, tomó la de mercader de
calle o cajonero, y se casó con una mujer de
baja esfera y que ha tenido y tiene una tía
casada con un mulato carpintero y un hermano
casado con una mulata, de donde inferirá
Vuestra Majestad sus conexiones, como de
haber sido actual mercader de tienda
Sebastián, que lugar tenga éste, y que viso
haga el pueblo, en el cual no ha dejado de
correr hasta alguna voz opuesta su blanca
limpieza, bien que la creemos, sino que le
reputamos blanco, y hombre de buena fe, lo
que no le negamos"[28]
. La vaga acusación de mulato o pardo que no
era común hacia los isleños estaba muy
extendida entre la elite. El ejercicio de
profesiones consideradas como viles
redundaba e influía en esa estimación.
Algunas investigaciones realizadas en
Venezuela demuestran cómo los párrocos
registraban a los isleños o hijos de éstos
en los registros eclesiásticos como pardos.
La Real Cédula de 8 de mayo de 1790 obligaba
a los eclesiásticos a inscribir a los
isleños en Canaria, siendo notoriamente
blancos en los libros de "mulatos, zambos,
negros y gente de servicio"[29].
Fue bastante habitual esa referencia a su
mestizaje, a su dudosa limpieza de sangre.
Su consideración como pueblo criollo, su
estimación como gente ruda e inculta, su
mestizaje, su fácil adaptación e
identificación con el medio venezolano y los
oficios que solían ejercer tendían a
reforzar esa generalización.
Pocos años después de su
llegada a Venezuela, el 24 de abril de 1749,
Sebastián de Miranda contrajo matrimonio en
la catedral de Caracas con Francisca
Rodríguez de Espinosa, hija de Antonio
Rodríguez, oriundo de Portugal, y de
Catalina Espinosa, natural de Canarias. El
cabildo caraqueño la había acusado a
Francisca Rodríguez de Espinosa de "ser
mujer de baja esfera, y que ha tenido y
tiene una tía casada con un mulato
carpintero y un hermano casado con una
mulata"[30].
Su esposa tenía sus ancestros también en el
Puerto de la Cruz y era su pariente lejana.
La portuense María Francisca
Espinosa, su bisabuela, era hija de Diego
Fernández de Espinosa y de María Francisca
Ravelo, por lo que estaba emparentada con su
padre. Había casado con Francisco González
del Quinto, natural del Realejo Bajo. Viuda
y con 5 hijos, 4 de ellos mujeres,
emprendió viaje a Caracas con todos ellos
( Francisca, Catalina, Josefa y María y
Andrés), aunque una arraigó en Santo
Domingo. Su hija Catalina, abuela del
precursor, casó en el primer matrimonio con
su paisano Cayetano de Vera, de la que tuvo
un hijo adulto, Francisco José. En segundas
lo hizo con el portugués Antonio Rodríguez,
con el que tuvo 3 varones y 2 hembras, una
de ellas Micaela, la madre de Miranda. En
Tenerife sólo poseía una casa que vendió
para pagar su transporte y el de sus hijos.
A ninguno de ellos le dio cosa alguna de
dote. Era dueña de la casa de su morada y
una tienda contigua en el barrio de Santa
Rosalía, gravadas con un censo de 800 pesos
al convento de San Francisco, una negra
nacional comprada al asiento inglés y una
negrita su hija, a quienes dio la libertad.
Contaba con un sobrino en la provincia,
Tomás Espinosa, que le debía algunos pesos.
Una de sus hijas, Francisca González del
Quinto había casado con Tomás García y no
había tenido descendencia. Poseía la casa
gravada con un censo en Santa Rosalía y una
negra con su cría de 2 años que heredaría su
madre. Tenía cuantiosas deudas[31].
Sebastián Miranda ocupó el
cargo que antes había desempeñado Santiago
de Ponte Mijares, "sujeto de conocido
espíritu, valor, celo e industria y muy
amante de Vuestra Majestad y su Real
servicio". Ante él Miranda no ha prestado
otro servicio que "el de simple y nada
ameritado alistado, como cada uno de cuantos
negros y mulatos hay en la tierra". Sería un
bajo concepto de Caracas el que se tomara
"como si fuera más ser un plebeyo isleño de
Canarias e hijo de un barquero allá, y ser
cajonero y mercader aquí, que ser aquí mismo
caballero, Noble, Cruzado y aun Titulado"[32]
. Fue la ofensa pública lo que más irritó a
la elite: "como ver en un acto solemnísimo,
en día festivo, en una tarde clara, en una
Plaza Mayor, en presencia de la Nobleza, que
toda estaba junta, y a la cara de los
oficios y el Pueblo adocenados los Títulos y
Nobles con Miranda y pospuestos a él
algunos". Les preocupaba "la impresión que
esto podía hacer y haría en los ánimos de
tantos plebeyos y los efectos que de ella
podía seguirse"[33].
La acusación se extendió a su
promotor, el abogado José de la Guardia,
originario de Tacoronte (Tenerife), quien
había ejercido tal labor por indicación
expresa del Capitán General Solano y Bote[34]
. Según los mantuanos era "abogado de
literatura muy ordinaria y hombre de crianza
y esfera aún más ordinaria, isleño de una de
las Canarias por naturaleza e hijo de uno
que fue en esta ciudad pulpero.
Circunstancias, que, puestas en un genio
conocidamente altivo le hacen como éste
mucho tiempo advertido, hombre de
inclinaciones opuestas al decente esplendor
de la Gente Noble, y la han hecho muy odioso
o mal recibido en esta ciudad". Por esa
dignidad "preferirá en el asiento" al
Cabildo y por ello "juzga quizá poder
atentar contra la Nobleza cuanto quisiera y
lograr desairarla y hacerla ver que con solo
ser isleño y favorecido del Gobernador,
tiene más para la estimación de su calidad
aunque tan baja, que la primera Nobleza y
las honras con que distingue a ésta la Real
autoridad"[35]
.
Sebastián pidió al 22 de
abril de 1769 su retiro del nuevo batallón
por insinuación del Capitán General ante la
abierta hostilidad mantuana. Ese mismo día
se le concedió con todas las gracias y
preeminencias, entre la que se encontraba la
de usar el uniforme del batallón, el bastón
y las insignias de mando. El cabildo
recurren también con esa decisión, alegando
que no había servido ni un sólo día. No
debía hacer uso de esas insignias, pues de
esa forma se le castigaría con un mes de
cárcel. Si reincidiese, se le sancionaría la
con dos meses y se le quitaría "el bastón y
uniforme que, deshecho, se venderá por
piezas y su producto se aplicará a la
manutención de los presos"[36]
. La presión era contumaz. Se le obligó a
renunciar a su tienda. En su defensa remitió
el monarca un memorial que fue contestado
el 12 de septiembre de 1770. Se resolvió
ratificar el retiro y las preeminencias,
imponiendo perpetuo silencio sobre la
indagación de su calidad y origen. Fue un
duro golpe para la oligarquía caraqueña, una
humillación que no olvidará jamás. Esa
decisión real influirá de forma decisiva en
la carrera de su hijo. La reacción inmediata
de su padre fue vengar en él las afrentas
recibidas. Apenas dos meses de la llegada de
esa provisión, marcha para Madrid a
alistarse en el ejército español. Su padre
no repara en gastos y compra el título de
Capitán. No importa que su hacienda quede
deshecha. Su vástago debía materializar de
forma definitiva la nobleza de su linaje,
vilipendiada por los mantuanos. Por eso
extremó su celo y se hizo otorgar un árbol
genealógico por el Cronista y Rey de Armas
Numerario de su Majestad, don Ramón de Zazo
y Ortega[37].
LOS VINCULOS ISLEÑOS DE LOS
MIRANDA
En la sociedad del Antiguo
Régimen los vínculos de padrinazgo y
compadrazgo ligan a quienes lo contraen. El
padrino de bautismo de Francisco fue clérigo
isleño, el realejero Tomás Bautista de Melo.
Miembro de la burguesía agraria del Realejo
de Abajo buscó en Venezuela las
oportunidades que en la isla no había podido
alcanzar. En 1733 marchó a la Guaira como
capellán de un barco[38]
. El Obispo Díaz Mondoñedo en su Relación
Reservada de 1768 le atribuye 56 años. Dice
de él que era "de regular vida y costumbres,
mediana literatura y buena índole, oriundo
de las Islas Canarias, y años ha residido en
este Obispado.(...) Tiene poco más de 25
años de sacerdote"[39].
Fue el clérigo más familiar e íntimo de la
familia. Ofició las ceremonias de casamiento
de Sebastián de Miranda y de Francisca
Antonia Rodríguez, y de la mayoría de sus
hijos Su padrino de confirmación de Miranda
fue también otro isleño, el comerciante
Lorenzo Rossell de Lugo, contador de la Real
Hacienda, que había sido testigo de las
nupcias paternas[40].
Los Miranda
desarrollaron sus días en un cosmos social
en el que sus relaciones sociales se
efectuaban básicamente con una comunidad
unida por sólidos lazos de paisanaje y
espíritu de grupo. Era normal que los
numerosos hijos del matrimonio enlazasen con
personas de ese mismo espectro social y
étnico, vinculados al mundo del comercio. Su
hija Ana Antonia contrajo matrimonio con un
comerciante isleño, natural de Santa Cruz de
Tenerife, Antonio José de Almeida Rosales,
el 19 de enero de 1772. Fue el yerno
preferido de Sebastián de Miranda, como hace
constar Francisco de Arrieta en una carta a
Francisco de Miranda "Yo no le debo más que
baldones, allá amartelado con Almeida y sus
gentes"[41].
Fue capitán del comercio canario-venezolano.
En 1766 fue maestre del navío "Santísimo
Sacramento", el Santiago[42].
En 1778 fue administrador del o Nuestra
Señora de la Soledad, el Fénix. Se sabe que
su mujer marchó con él para las Islas y en
1779 residía en Santa Cruz de Tenerife.
Marchó con ella otro de los hermanos del
precursor, Javier; quien moriría célibe en
su juventud. Almeida murió prematuramente.
Testó en 1786 en Caracas ante el escribano
Aramburu
[43].
Ana Antonia ya era viuda en 1791.
En una carta su hermana Rosa el 25 de
febrero de 1779 le dice que Ana se
encuentra en Tenerife “buena con sus cuatro
hijos, pero con muchas ganas de venir a su
tierra (no se parece en esto a ti)”[44].
Por lo menos dos de sus hijos nacieron en
esa localidad canaria, Bartolomé Antonio y
Ventura. El primero nació en ella el 23 de
agosto de 1776. Sus abuelos paternos eran
Simplicio de Almeida y María Candelaria
Isnaldo y maternos Sebastián de Miranda y
Francisca Rodríguez Espinosa. Fue su padrino
uno de los más significados comerciantes
canarios José Candelaria Rodríguez Carta,
alguacil mayor del Santo Oficio, natural y
vecino de Santa Cruz[45].
Ventura, pasó a Venezuela y casó en San
Carlos Cojedes en 1797 con María Josefa
Petronila González Bautista.
La segunda hija, Rosa Agustina, se casó en
primera nupcias con Francisco Antonio de
Arrieta, un vasco estrechamente vinculado al
comercio canario-americano. Era mucho mayor
que ella. Había realizado con anterioridad
empresas mercantiles con su padre y había
sido padrino de uno de sus hijos Francisco
Antonio Gabriel, muerto prematuramente. Tuvo
estrecha relación con el Precursor. En su
diario de navegación a Cádiz da las gracias
"a mi buen hermano y amigo Arrieta, el mejor
hombre del mundo bajo un aspecto rudo"[46].
Años más tarde, en 1785, le pidió una ayuda
financiera de 2000 pesos, pues había perdido
el dinero en una embarcación de la Habana[47].
Murió entre 1785 y 1790. Paradójicamente
estaba vinculado familiar y políticamente a
dos contradictores de su cuñado en su etapa
decisiva de su ruptura con España en la
Perla de las Antillas. Por un lado fue
asistente del concuño de Bernardo Gálvez, el
capitán general de Venezuela, Luis de Unzaga,
que reemplazaría a su protector Cagigal en
la de La Habana y que se encargaría
precisamente de su frustrada detención; y
por otro, pariente de uno de sus más
enconados enemigos, Juan Ignacio Urriza, el
intendente habanero que sería premiado con
un cargo en el Consejo de Indias por su
resuelta denuncia del Precursor como
contrabandista contumaz en la misión de
Jamaica. En su carta de 16 de junio de 1782
asevera que un isleño, el alférez Verde, que
se había trasladado a La Habana le había
dicho algo sobre “tu tropiezo con el
Intendente. Él es mi pariente, pero un
encogimiento irregular de mí, no he labrado
su correspondencia; él tiene fama en la
familia y con todos, el brigadier Crame, con
quien tuve mucha amistad, me aseguró que en
su clase no había hallado mejor, entre
infinitos que ha tratado. Yo considero que
ya sea tarde, pero con todo me parecería que
te lo insinuases”[48].
Sobre su relación con Unzaga reconoce que
“yo era el primer asistente cuando se
asomaron estos ruidos e intentamos primores
y los hubiéramos hecho con otro general;
ero, en fin, enviamos gente hasta Mérida y
allí están; el otro año de solo regidor fui
diputado al general y sin nadie consentirme
con frases galanas, y puede que en Madrid se
piense que somos levantados, pero ya tendrán
documentos y muy formales de lo contrario”[49].
A enviudar contrajo segundas nupcias en 1793
con José Maria Fernández, teniente del
Batallón veterano de Puerto Cabello[50].
SUS ENLACES CON “MANTUANOS” CANARIOS
El quinto vástago fue Micaela
Antonia. Se casó en primera nupcias el 21 de
octubre de 1773 con Marcos de Orea y Machado
de la Guerra, un comerciante tinerfeño
ligado al tráfico canario-venezolano. Su
abuelo, Alejandro García de Orea, natural de
Villamayor, arzobispado de Toledo, vino a
Tenerife como administrador de la Hacienda
de los Príncipes, una rica y extensa
propiedad de los absentistas herederos del
conquistador de Tenerife, Alonso Fernández
de Lugo, los Condes de Torrealba. Su
conversión en una familia nobiliaria la
confirmaría con el casamiento de su hijo
Pedro con María de las Nieves Machado y
Guerra, hija del regidor Gonzalo de Machado
y Maria Pilar de la Guerra, acaecido el 27
de abril de 1746. Pedro se encaminó hacia el
comercio canario-americano. Sus primeras
actividades en ese sentido consistieron en
el traslado como comerciante a la Guaira en
1759 en el navío "San Juan Bautista".
Capitán y dueño de "El Diamante", viaja ala
Habana en 1763[51].
Tuvo un pleito sobre quién tenía privilegio
de comerciar con la Guaira con Cristóbal
Bandama, propietario de "La Perla". Su hijo
Marcos continuó con su profesión. En de mayo
de 1765 hace su primer viaje a la Habana en
el El Bien Común. El 3 de junio de 1767 su
padre le emancipa y le convierte por tanto
en persona libre para otorgar cualquier tipo
de instrumento, pese a no tener 25 años. El
15 de junio de ese año se embarca para La
Guaira en el Nuestra Señora de Candelaria,
la Asesora[52].
Al año siguiente ya figura como capitán del
Diamante, El 3 de agosto de 1774 aparece
como residente en la provincia de Caracas[53].
Emprende nuevos viajes de ida y vuelta entre
Tenerife y Caracas en ese año y en 1775[54].
Bien pronto fallecería, aunque desconocemos
con certeza la fecha, posiblemente antes de
1780, a consecuencia de una dilatada
enfermedad, de la que ya hacía mención en
las cartas que se han conservado dirigidas
al Precursor, en las que se puede apreciar
su estrecha amistad. Su familiaridad y
afectividad, estaban patentes en ellas,
mostrando su concepción ideológica: "Micaela
dice que ya descubrió VM. la flojera que con
el trato moruno se la ha vuelto a pegar, que
lo quiere a VM, mucho cuantas cosas se
pueden decir, menos escribir". La trama
familiar, con sus parentescos de sangre y
espirituales era ineludible: "José Maria no
obstante su montuosidad pasó bien la
viruela; Rosa y Arrieta cada vez más
gorditos; a su comadre la tengo ahora por
vecina, está buena y cada vez mejor moza; le
entregué la que VM. me dirigió y se mostró
agradecida. De su marido no sé nada"
[55].
Universo familiar que se
expresa en lo inmediato y en la referencia
isleña, a los parientes que quedan en el
archipiélago; "Todos están buenos y de Islas
sabemos lo mismo"[56].
Miranda tarda cada vez más en contestar y
Orea le recrimina: "No sabe VM bien el
cuidado con que nos tiene, pues, habiendo
llegado el San Miguel y el San Joaquín,
ambos de Cádiz y no haber tenido carta de VM
estamos sin saber a que atribuirlo, así
nunca deje de hacerlo, pues de lo contrario
perderá el juicio su madre, que no la
convencen razones y siempre piensa lo peor"[57].
En Los Orea se puede apreciar el
distanciamiento, la desconfianza y la
hostilidad con la que la trayectoria
posterior de Miranda es observada por la
elite mantuana, de la que ellos creían
formar parte. Gonzalo se trasladó a Caracas
en 1777[58].
Continúa la misma carrera comercial que su
hermano Marcos. Formó compañía inicialmente
con otro isleño, Tomás Muñoz, natural de
Icod (Tenerife), al que estaba vinculado por
razones de afinidad y procedencia, puesto
que su padre, Diego Muñoz, era natural de
Santiesteban, en la provincia de Jaén y como
Alejandro Orea había emigrado a Tenerife
para hacerse cargo de la administración de
haciendas de propietarios absentistas,
contrayendo matrimonio con la lagunera Juana
María Naranjo[59].
La compañía fue capitalizada en 80.000 pesos
en 1785[60].
Debido a su proyección exterior, Gonzalo se
establecería en Cádiz, y Muñoz llevaría la
gestión desde Caracas. Por su prematura
muerte en 1796 la ejercería su sobrino, el
también icodense Fernando Key y Muñoz. Era
la quinta más importante del país y se
dedicaba al comercio de exportación hacia la
Península.
Fernando Key, cuyo hermano
Santiago fue diputado por Canarias en las
Cortes de Cádiz, en las que defendió
posiciones absolutistas, es uno de los más
cualificados representantes del grupo social
de los llamados hacendados-comerciantes, que
efectuaban conjuntamente sus actividades
como propietarios con el tráfico comercial
de cierta entidad. Emigrado a Venezuela
desde muy joven fue Cónsul del Real
Consulado de Caracas en 1799 y miembro de la
Junta Suprema de 1810 en la que desempeñó el
cargo de Ministro de Hacienda. Siguió fiel a
los ideales independentistas y desempeño
hasta su muerte importantes cargos dentro de
la administración estatal venezolana[61].
Tomás Muñoz tuvo dos hijos,
Josefa Muñoz y Ayala, casada con el isleño,
natural también del Puerto de la Cruz,
Casiano de Medranda y Orea, hijo de José
Medranda Caraveo y de Ana de Orea y Machado,
miembro de la citada familia de los Orea, y
Tomás Muñoz y Ayala, general de los
ejércitos independentistas. Casiano Medranda
emigró a Venezuela en 1806 cuando contaba
con 21 años de edad. Su padre, "por el
grande amor que profesa y por desear mucho
su prosperidad, conociendo que es bastante
capaz para gobernarse y administrar sus
bienes, he deliberado emanciparle, y para
que tenga efecto, hallándose el expresado su
hijo en Cádiz, de su poder a Gonzalo de
Orea"[62],
su cuñado. Pertenecía un sector social en
ascenso y que imitaba las costumbres y
actitudes nobiliarias de la élite
nobiliaria, ideas a las que seguiría siendo
fiel su hijo Casiano. El 14 de junio de 1813
José Medranda da poder a Tomás de Muñoz y
Ayala para que se represente en el
padrinazgo de "la criatura que está próxima
a nacer de dicho matrimonio y no pudiendo
concurrir personalmente por la larga
distancia"
[63].
Casiano Medranda tendrá un
activo papel en la I República venezolana.
Fue uno de los canarios firmantes de los
manifiestos de apoyo a la independencia y se
le nombró por la Junta revolucionaria para
que visite el almirantazgo inglés en las
Bermudas y logre su adhesión a su causa[64].
En unión de Francisco Talavera formó una
compañía de comercio en la Guaira para la
gestión de las almonedas públicas[65].
Moriría en el campo de batalla como capitán
del ejército insurgente el 10 de septiembre
de 1813[66].
Como su tío Telesforo, era un perfecto
conocedor del inglés, puesto que, como era
habitual en los isleños de su esfera social,
estudió en Inglaterra. En él coexistían los
mismos prejuicios sociales y el mismo
rechazo hacia Miranda. Miguel José Sanz en
una carta reservada a Miranda fechada el 12
de mayo diría sobre él: "Dicen que va a
Londres y que este gobierno consulta al
federal... El Medranda Vd. lo conoce. La
mayor desgracia de un país es la mala
elección de los agentes del gobierno"[67].
El desacuerdo con su gestión y sus
acusaciones de corrupción eran constantes.
Juan Paz del Castillo, hijo de un emigrante
isleño, diría a Miranda el 5 de julio de ese
año que fue encarcelado "y después de tres
días de encierro alegó todos sus servicios y
buen patriotismo; hoy se ha puesto en
libertad y le he dicho que su prisión era
por revolucionario, y que se marchase al
ejército"
[68].
El 22 de mayo diría Patricio Padrón a
Miranda: "Al amigo Medranda lo han hecho
presentar hoy en la contaduría, para que de
razón de los caudales que se le han hecho
para el pagamento de los pertrechos que
trajo un barco americano; no sé como saldrá
de este lance, y corre la noticia de que es
llamado por Vd. ¡Quiera Dios que así sea!
para que afloje el sudor de tanto pobre"[69].
Los Orea se habían
distanciarlo de Miranda con bastante
anterioridad a esas fechas. Se convirtieron
en las personas que más elevados donativos
proporcionaron en 1806 contra la invasión de
Miranda de ese año. En la lista de donativos
publicada en la Gaceta de Caracas en abril y
mayo de 1809 Key por sí y por la casa de
Muñoz y Orea dan 1000 pesos, cantidad
infinitamente superior a la de los demás y
Telesforo de Orea 500.
Gonzalo Orea puede ser
considerado como un cualificado prototipo
del comerciante-hacendado. Era miembro de la
Orden de Santiago y, conjuntamente con su
compañía de comercio, poseía una hacienda.
En Cádiz contrajo nupcias con Francisca de
Luna y Médicis, de la burguesía comercial
gaditana[70].
Su compañía aumentó su influencia y poder
económico con la incorporación de dos
comerciantes de origen isleño, también
vinculados a la familia Miranda, Isidoro y
Luis López Méndez, con los que formaron la
sociedad Muñoz y López. Sin embargo, entre
1796 y 1802, su gestión financiera sufrió
graves quebrantos, situación que se repitió
a fines del 1804. Los trastornos políticos
posteriores llevaron a su quiebra de la
compañía en 1808[71].
Fue un activo representante del bando
realista en Venezuela. Sin embargo, por sus
relaciones familiares, contaba con la
amistad de numerosos partidarios de la
independencia. El mismo Luis López Méndez
escribió a su mujer Josefa Rodríguez Núñez
de Miranda, el 28 de octubre de 1811 desde
Londres, donde se hallaba como representante
de la I República junto con Bolívar y Andrés
Bello, para pedir a Inglaterra su
reconocimiento, preocupado, entre otras
causas por el: "Mucho tiempo ha me
aseguraron aquí que habría muerto Don
Gonzalo de Orea. Yo lo he dudado, porque tú
nada me has dicho, y espero que me digas
acerca de esto, y también me informes todos
los sujetos que han sido ahorcados y los que
están presos"[72].
En junio de 1812 se ordenó por parte de
Miranda su detención. Miguel José Sanz y el
Marqués de Casa-León intercedieron por su
persona. Sanz, también hijo de isleños[73],
diría sobre él que respondía de su persona:
“Seguramente tendrá Vd. fundamentos para
este proceder; pero si el retiro en que se
halla este hombre y la urgente necesidad de
su persona en la hacienda, pueden suspender
el efecto de esta providencia, me alegraría
infinito, pues ha muchísimos años que tengo
amistad con él y su conducta es
irreprensible. Jamás le he oído cosa que
pueda embarazar nuestro sistema, y su edad y
circunstancias no le permitirían entrar en
semejantes compromisos; está enfermo y desea
su quietud"[74].
El abuelo de Sanz, Miguel, fue también
administrador de Los Príncipes entre 1709 y
1733, siendo antecesor de su abuelo
Alejandro[75].
Casa León referió que llegó preso de su
hacienda. Tras su ruina, "es un anciano que
ha venido buscando un asilo a esta provincia
en donde le quedaba por resto de su fortuna
una hacienda de caña en donde se ha metido
sin que de palabra ni de hecho se la haya
notado nada contra el sistema. Si acaso le
han hecho a Vd. algún informe contra él,
espero que suspenda Vd. el juicio y la orden
de su prisión", pues responde de O”.
Miranda, que lo conocía manifiestamente con
anterioridad, diría de él que "lo ha creído
siempre el jefe de todos los isleños de esta
provincia, pero si Vd. responde por él,
suspéndase el efecto de la orden de su
prisión, pero le hago presente que Vd. me
respondió por doña Josefa María Rojas y
resultó ser la mayor enemiga del sistema que
abrigaba Venezuela"[76]
. A pesar de la libertad concedida, denunció
al Precursor y le pidió su detención a
Monteverde[77].
Precisamente formaría parte de la Junta de
Secuestros y Proscripciones, el poderoso
valladar represivo de Monteverde, siendo uno
de sus más activos miembros[78].
Falleció en Caracas el 24 de septiembre de
1816. No pudo ser enterrado, tal y como
quería, con el hábito de Santiago, sino con
el de la Merced, por no hallarse ninguno en
Caracas[79].
En su hermano Telesforo se
puede apreciar con claridad las concepciones
ideológicas y culturales del grupo social
que promovió la independencia en 1810 y que
tan sólo unos años antes, en 1806, se había
opuesto activamente a su invasión. Había
nacido en el Puerto de la Cruz el 11 de
enero de 1766. Marchó a Venezuela en unión
de su hermano Marcos y allí fundó una casa
de comercio[80].
Tras la Independencia, fue designado
representante del gobierno en los Estados
Unidos, para impulsar el reconocimiento y el
apoyo de Norteamérica a la causa insurgente.
Caballero Sarmiento, un comerciante que
actuaba como agente del Gobierno español en
Filadelfia y que había residido una docena
de años en Caracas, se entrevistó con él y
éste le proporcionó unas ideas que nos
pueden ayudar a entender su posición y la de
un importante sector de los grupos sociales
dominantes caraqueños[81].
Le relató que la rebelión la habían
comenzado los blancos, recelosos de las
consecuencias de una insurrección negra
similar a la haitiana ante la ausencia de
poder legítimo en la metrópoli, "y animados
por varios criollos de Caracas". Expresó
sobre ese peligro que "desearía que vinieran
cinco o seis mil hombres de cualquiera
nación que fuesen, aunque fuesen franceses,
a sujetar a los mulatos y a salvar sus vidas
y propiedades, pues preveen funestísimas
consecuencias si los negros piden su
libertad y se unen con ellos, como es de
preveer". Su desconfianza hacia Miranda era
patente: "Por un paisano suyo a quien trata
con intimidad he sabido que Miranda está en
el día despreciado de su Patria, que ha
tratado de ganar al Clero y le ha salido
mal, y que su genio enredador hace sospechar
que, aunque parece no se mezcla en anda
trata de ganar a los mulatos, y que cuanto
menos se piense habrá otra
contrarrevolución"[82].
Sus dudas
eran comunes entre la elite. Era consciente
de que no quedaba otro remedio que tomar el
poder para evitar lo que consideraban males
mayores. Diría al respecto: "Desengáñese, la
Península a la hora de ésta está sometida a
Bonaparte y España no puede resistir su
contienda con Francia por falta de medios y
recursos para seguir la guerra, pues
necesitaría a lo menos 200 millones de duros
anuales, y éstos no pueden suplirlos las
colonias"[83]. El
tinerfeño no "ha hecho misterio de confesar
que la desconfianza es tal en Caracas, sobre
todo contra Miranda, que le tienen cercado
de espías, que la miseria es grande, y que
si la alianza con Santa Fe no llega a tener
efecto, debe necesariamente nacer una
anarquía y guerra civil que destruya aquel
hermoso país irremisiblemente, pero habla de
Santa Fe como de un país decidido a la
independencia, que tiene mayores recursos y
que la sostendrá en sus apuros"[84].
En 1829, seria cónsul de la Gran Colombia en
Filadelfia, ciudad en la que moriría en
1837.
Tras el fallecimiento de
Marcos Orea, Micaela contrae segundas
nupcias en 1782 con Diego Mateo Rodriguez
Núñez, Receptor del Santo Oficio y
hacendado. Era hijo de un isleño que había
hecho fortuna en Caracas, Mateo Rodríguez
Fajardo, natural de Icod ,y de Maria Manuela
Núñez de Aguiar Villavicencio, hija de dos
canarios de La Laguna, José Núñez de Aguiar
y Maria López Pérez de Villavicencio[85].
A comienzos de 1790 la fortuna de Rodríguez
Núñez estaba estimada en tomo a los 200.000
pesos. Aunque debía 20.000 pesos en créditos
activos, sus haciendas estaban valoradas en
56.000 y sus dos casas en la ciudad en
20.000[86].
Arrieta diría sobre su boda al Precursor:
"Aunque tú no lo mereces, no supo mi afecto
dilatarte la noticia de los inexplicables
gustos con que nos hallamos por el
casamiento de Micaela, que se celebró el 12
a la noche; se portó tu padre con un
refresco magnífico, y hubo baile, como de
tálamo circunspecto, sin más que parientes,
como que hasta los tocadores fueron tu primo
Patricio, el primo del novio, el Abogado
Mora Hilario, y el hermano de Orea, don
Gonzalo, la flauta; después hubo soberbia
cena en casa del novio; de él no dudo te
acuerdes, pues vivía en casa de su abuelo
Núñez... El es gallardo mozo, de bellísimo
ingenio y de unto caudal que desde luego
tendrá lo que los dos Echeverrías; las
dificultades que ha vencido son
inexplicables, pues estaba para casarse con
una prima suya, hija única del abogado
Orellana, rica, bonita y virtuosa, y había
sacadas las dispensas; y el primor es que
todos los parientes contentos y
extraordinariamente gentiles"[87].
El primo del novio, José
Hilario Mora y el mismo Orellana, pertenecen
a esa pléyade de parientes unidos por su
afinidad e identidad de origen. Era hijo de
Juan Antonio de Mora y de Isabel García,
naturales de Buenavista (Tenerife) y
emparentados con los López Méndez[88].
Fue regidor perpetuo del ayuntamiento
caraqueño, y más tarde miembro de la Junta
Suprema que proclamó la independencia. En
1795 su primo Luis López Méndez fue elegido
alcalde ordinario de la Ciudad. Los
capitulares protestaron porque los regidores
Isidoro López Méndez y José Hilario Mora
eran hermano y primo suyos. Estos dos
últimos serían precisamente firmantes del
informe del 28 de noviembre de 1796 en el
que el cabildo caraqueño criticaba el apoyo
de la Audiencia a los pardos. Exigían la
limpieza de sangre en los cargos y querían
mantener la hegemonía de la oligarquía
frente al avance del mestizaje entre los
blancos de orilla y los pardos, que podrían
legalizar su situación y acceder en igualdad
de derechos con los blancos gracias a tales
gracias[89].
Josefa María Rodríguez Núñez
de Miranda, continúa la política familiar
y se casa con Luis López
Méndez el 8 de diciembre de 1800. Era hijo
de Bartolomé López Méndez, natural de San
Pedro de Daute, Garachico (Tenerife). Su
padre fue factor de la Compañía Guipuzcoana
y con lazos con Sebastián de Miranda, por
"la mucha amistad y comunicación que ha
tenido y tiene"[90].
Había contraído matrimonio el 26 de
diciembre de 1742 con Petrona Maria Núñez de
Aguiar, natural de Santa Cruz de Tenerife,
tía de Diego Rodríguez Núñez, por lo que
Luis era primo segundo de su mujer.
De los doce hijos de
Bartolomé, tres se dedicaron a la carrera
eclesiástica: José Francisco fue doctor en
Teología y Cánones y Canónigo de la Catedral
de Caracas; Dionisio Antonio en Teología y
Cánones; y Silvestre José prefecto del
colegio de San Felipe Neri. Este último fue
uno de los que aprobaron la entrega de las
joyas de las iglesias caraqueñas para la
defensa de la independencia venezolana[91].
Isidro Antonio y Luis formaron una
compañía, asociándose más tarde con los Orea
y los Muñoz. Era en 1795 una de las diez más
grandes de Venezuela, con un capital
estimado en tomo a los 100.000 pesos en la
década de 1800[92].
Isidro Antonio contrajo nupcias con su
prima, la citada Josefa Narcisa Orellana
Núñez. Regidor perpetuo, fue miembro de la
corporación que declaró reo de alta traición
a Miranda, en el que también estaba presente
José Hilario Mora. Ofreció pagar 30.000
pesos por su cabeza a raíz de la invasión de
1806[93]
. Fue vocal de la Junta Suprema y
representante de Caracas en la Asamblea
Constituyente de 1811, siendo firmante del
acta del 5 de julio y activo contrincante
del Precursor. Luis fue alcalde ordinario en
1797. Como su hermano, se sumó al movimiento
independentista y fue enviado a Londres con
Simón Bolívar y Andrés Bello para gestionar
el reconocimiento de la independencia por el
gobierno británico. En consonancia con esa
política matrimonial, se desposó el 20 de
noviembre de 1785 con su pariente Maria
Francisca Dacosta Romero, hija del
comerciante palmero Jerónimo Dacosta y de su
prima Maria Micaela Núñez de Aguiar, y por
segunda vez con la referida Josefa Maria
Rodríguez Núñez de Miranda.
UNA INFLUENCIA IDEOLÓGICA
ISLEÑA CLAVE EN SU PENSAMIENTO: JUAN PERDOMO
BETHENCOURT
Juan Perdomo Bethencourt fue un médico
tinerfeño que revolucionó la medicina
venezolana. Introdujo la inoculación de la
viruela, fue teniente corregidor de La
Victoria de Aragua, defendió desde 1780
abiertamente la independencia del país y fue
procesado por la Inquisición por su defensa
de las ideas ilustradas. Vivió su infancia
en la localidad natal del padre del
Precursor y fue el facultativo de la
familia. Marcos Orea en una misiva a su
cuñado puso sus esperanzas de curación en
él: "A mí todavía no me dejan los males,
aunque ya me voy alentando, y espero acabar
de conseguirlo con la venida de Perdomo a
esta ciudad, que fue anoche"
[94].
En 1776 afirma que ya está "fuerte, que con
un paseo que tomamos de dos meses he
convalecido, y cuasi vuelvo a mi antiguo
ser"[95]
. Relató al príncipe de Broglie, uno de los
expedicionarios franceses que residieron en
1783 en Venezuela, de tal forma que “habla
de la independencia de América del Norte, de
manera que hace creer que él contribuirá
voluntariamente a una revolución semejante
en la América meridional. Hasta parece que
la ve inevitable”. Berthier dijo sobre él
que “le pareció ingenioso y alegre, además
de ilustrado y bien leído. Mostró su
preocupación a causa de la superstición y
tiranía que ejercen los españoles sobre este
continente. Yo creo que él sería una figura
relevante si algún día reventara una
revolución para lograr la independencia de
esta colonia”[96].
Sin duda sus conversaciones con el galeno
fueron un buen campo de cultivo para ese
intercambio de ideas que asumiría el joven
Miranda. Años más tarde en Kiev al
encontrarse al Conde de Segur, éste le
relataría que “atravesó desde Puerto Cabello
a Caracas por tierra, habiendo conocido en
los Valles de Aragua al médico Juan
Perdomo”. Alborozado, el Precursor exclamó:
“¡ Qué casualidad de venir a encontrar
sujetos que hubiesen estado en mi casa! Me
informó cuán disgustados estaban en aquella
provincia con la conducta de Ávalos, don
José de Gálvez, etc.”[97].
LOS GÁLVEZ, UNA VINCULACIÓN
DECISIVA CON LAS ISLAS Y CON SU FAMILIA EN
LA ETAPA DECISIVA DE LA GUERRA DE LAS TRECE
COLONIAS
Los Gálvez, la todopoderosa
familia que regía los destinos americanos
desde la Presidencia del consejo de Indias
por parte de José y en la que su sobrino
Bernardo se había convertido en el jefe del
ejército expedicionario español en la Guerra
de Independencia de los Estados Unidos,
conspirará activamente para desterrarle de
la carrera militar y acusarle de traidor a
España y de contrabandista. Celosa de sus
éxitos en Penzacola, la misión secreta para
obtener noticias militares sobre Jamaica
para invadirla y en la conquista de Bahamas,
ejecutará órdenes reales para detenerle. El
Precursor escapará de su cerco y romperá de
esa forma definitivamente sus vínculos con
La Corona. Ese linaje volverá a devolverle a
sus vínculos familiares con Canarias. El
padre de Bernardo de Gálvez, Matías, el
futuro Virrey de México, había sido
mayordomo de la de hacienda de la Gorvorana,
en Los Realejos, de la que eran dueños los
absentistas Marqueses de Guadalcázar.
Residió en la Isla entre 1757 y 1778.
Bernardo pasó en esa heredad su niñez entre
los 5 y los 19 años y se relacionó muy
estrechamente con los Orea, con los que se
educó y dio sus primeros pasos en la vida.
Cuando las tensiones con los Gálvez se
hicieron cada vez más evidentes, el 25 de
febrero de 1782 su cuñado Francisco de
Arrieta le comunicó al Precursor que “ese
señor Gálvez era criado con los Orea, no te
dejes de insinuar, que al difunto don Marcos
lo amaba y los señores viejos, el señor don
Matías le escribía de hijo y muy tiernamente
y aun el señor ministro con el mayor agrado”[98].
Era una muestra de la extensa
correspondencia entablada entre ambas
familias, hasta el punto de que se
intercambiaban cartas incluso con José de
Gálvez.
Cuando la situación de
Miranda se tornó todavía más difícil, una
nueva misiva de Arrieta, fechada el 16 de
junio de 1782, le recuerda que “te previne y
te vuelvo a prevenir que ese señor Gálvez se
crió en casa de Orea desde los cinco años
hasta los 19 y que los quiere mucho, con que
insinúate”. Consciente de la gravedad de las
imputaciones se encargará de que “Gonzalo
(Orea) le escriba con este alférez (el
citado Verde) y que le pida por ti”[99].
La influencia familiar en la
Corte le permitió a Matías Gálvez utilizar
el recurso humano del Archipiélago para
proyectar la ascensión tanto de él como de
su hijo Bernardo, al conducir familias a
Guatemala, y sobre todo a Luisiana, donde
su vástago había sido designado gobernador.
Allí nuevamente el joven Miranda volvió a
coincidir con una amplia pléyade de isleños,
más de dos mil, apenas recién llegados entre
1777 y 1783, que jugaran un papel decisivo
en la contienda en ese territorio por
entonces perteneciente a España y donde se
dilucidó la batalla de Penzacola.
[1]
MACÍAS
HERNÁNDEZ, A. M. La migración
canaria, 15p. Ci t. Colombres,
19 p. 75. HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M.
Los canarios en la Venezuela
colonial (1670-1810). Tenerife,
1998.
[2]
POUNDEX,
H. Y MAYER, F. “Memoria para
contribuir ala historia de la
revolución de la Capitanía General
de Caracas desde la abdicación de
Caros IV hasta el mes de Agosto de
1814”. Reproducida en
Tres Testigos
europeos de la I República.
Introducción de Ramón Escobar Salom.
Caracas, 1974, p. 105.
[3]
HUSSEY,
R. La Compañía de Caracas,
1728-1784. Caracas, 1962, p.
126.
[4]
IBIDEM. Op. cit. p. 126.
[5]
MC KINLEY, M. Pre-revolutionary
Caracas. Politics, Economy and
Society, 1777-1811.
Cambridge, 1985. pp.
72-73.
[6]
DEPONS,
F. “Fragmentos del cultivo y
comercio de las provincias dc
Caracas, conforme están descritos en
la historia” En CISNEROS, J.
Descripción exacta de la provincia
de Venezuela. Caracas, 1951, p.
150. un estudio detallado del peso
abrumador de los isleños en tales
actividades en HERNÁNDEZ GONZÁLEZ,
M. Op. cit.
[12]
ROSA OLIVERA, L. “El brigadier...”
p. 215.
[14]
ALVAREZ RIXO, J.A. Descripción
histórica del Puerto de la Orotava.
Manuscrito. Archivo Herederos de
Alvarez Rixo (A.H.A.R.)
[15]
ROSA OLIVERA, L. “El brigadier..”.
p. 215.
[20]
PICON SALAS, M. Miranda.
Buenos Aires, 1946, p. 16.
[21]
HEREDIA, J.F. Memorias.
Caracas, 1986. p. 61.
[22]
GRISANTI, A.
El proceso contra
Sebastián de Miranda, padre del
precursor de la
Independencia Continental. Caracas,
1950, p. 63.
[23]
GRISANTI, A. Op. cit. pp.
13-14.
[24]
IBIDEM.
Op. Cit.
p.
89.
[25]
IBIDEM. Op. Cit. p. 15.
[26]
SUAREZ, S.G. Op.
Cit. p.
141.
[27]
GRISANTI, A. El proceso... p.
23.
[28]
IBIDEM. Op. Cit. p. 141-142.
[29]
Véase al respecto, VALLENILLA LANZ,
L. Críticas de sinceridad y
exactitud. Caracas, 1921.pp.
251-253. IBIDEM. Cesarismo
democrático. Caracas, 1964.
p.17. VEGAS ROLANDO, N. “Domingo
Monteverde y Rivas. La influencia
canaria y los orígenes de la "Guerra
a muerte". Boletín de la Academia
Nacional de al Historia de Venezuela
Nº 61. Caracas, 1978, p. 512.
[30]
El informe fue reproducido por
SUAREZ, S.G.
Las fuerzas armadas
venezolanas en la colonia.
Caracas, 1979, p.
141.
[31]
Registro Principal de Caracas (R.P.C.)
Escribanías. Francisco Areste y
Reyna, 28 de junio de 1743 y 28 de
octubre de 1745. Ibídem. Areste y
Reyna, 11 de febrero de 1728.
[32]
SUAREZ, S.G.
Op.
Cit.
p. 144-146.
[33]
SUAREZ, S.G.
Op. Cit. p. 142.
[34]
SUAREZ, G. Op.
Cit. p. 149.
[35]
SUAREZ, S.G.
Op.
Cit.
pp. 144-145.
[36]
GRISANTI, A. Op.
Cit.
p. 17.
[37]
GRISANTI, A. Op. Cit. p.41.
[39]
GARCIA, L. Miranda y el Antiguo
Régimen español. pp. 107-108.
[40]
ARCHIVO DEL GENERAL MIRANDA.
Caracas, 1929. Tomo I. pp. 2.
[41]
GRISANTI, A. El precursor Miranda
y... p. 62.
[42]
ORTIZ DE LA TABLA Y DUCASSE, J.
“Comercio colonial canario, siglo
XVIII. Nuevo índice para su
cuantificación: la contabilidad del
Colegio de San Telmo, 1708-1776”.
II Coloquio de Historia
canario-americana (1977). Las
Palmas, 1979, p.18
[43]
MC KINLEY, M. Op. Cit. p. 232
[44]
MIRANDA, F. Colombeia. Tomo
II, p.538.
[45]
Archivo parroquial de
la Concepción de Santa Cruz de
Tenerife, Libro 7º de bautismos.
[46]
ARCHIVO DEL GENERAL MIRANDA. Tomo I.
p. 33.